Enamoramiento vs Amor(muy interesante)

Buenasssss, mi gente hacia mucho que no posteaba algo aqui en mi blog, pues han pasodo muchas cosas desde la ultima vez que anduve por aqui, pero aqui les dejo un nuevo articulo muy interesante, el Enamoramiento vs el Amor, que tal?, si bien hemos experimentados dichos sentimientos, ahora sabremos lo que realmente eran…Estaremos enamorados o lo estuvimos? o simplemente fue un enamoramiento o un enchule? vamos a ver que tenemos para aprender hoy!

ENAMORAMIENTO VS AMOR



10/31/2009







Hay que procurar no dejar
las cosas del amor en manos
exclusivamente del corazón De entrada,
lo que más nos llama la atención de
alguien es el aspecto físico. De
repente, conocemos a una persona que
«nos gusta». No es sólo su menor o mayor
belleza física; es algo más, difícil de
precisar. Los gestos, la forma de
hablar, de moverse, nos resultan
especialmente atractivos. Más tarde, su
forma de comportarse, la relación que se
va poco apoco estableciendo con esa
persona, tienen algo de sugestivo, en
especial, que nos va cautivando sin
damos cuenta.


Aunque no siempre, se
produce un «amor a primera vista», un
«flechazo» En otras ocasiones, esa
persona puede resultamos poco
interesante de entrada, incluso
resultarnos desagradable o pretenciosa.
Sin embargo, según la vamos conociendo
más, cambiamos la opinión que en un
principio nos habíamos forjado sobre
ella, volviéndonos cada vez más
receptivos.


LA
INTUICIÓN


En estos procesos la
intuición juega un gran papel. No cabe
duda de que todos vamos acumulando, sin
damos cuenta, una serie de experiencias
y conocimientos que dan lugar a ciertas
asociaciones inconscientes. Es lo que
algunos han llamado «memoria
experiencial».


Cuando, por ejemplo,
entramos en una habitación que nos es
familiar y la notamos distinta, extraña,
buscamos el motivo hasta que al final
identificamos que algo falta o está
cambiado de sitio. El aviso inconsciente
es anterior a la explicación racional,
porque sin darnos cuenta hemos ido
grabando en nuestra memoria la
distribución, colores, etc., de ese
cuarto.
Igualmente, cuando vemos a una persona y
nos «cae mal» sin que sepamos decir por
qué, se están poniendo en marcha
procesos inconscientes de este tipo.
Probablemente hayamos tenido
experiencias anteriores por las que
identificamos ciertos gestos o
comportamientos con formas de ser que
nos desagradan, sin que encontremos una
explicación racional que lo justifique.


Lo contrario sucede
cuando una persona nos atrae. Intuimos
que con ella nos podríamos compenetrar y
sentimos bien en su compañía. Pero
muchas veces nos equivocamos, esta
intuición falla.


Esto es particularmente
frecuente cuando nuestra situación
afectiva es propensa al enamoramiento.
Entonces podemos proyectar nuestros
deseos en casi cualquier persona
en la que hallemos cierta sintonía. Como
decía André Maurois, en ciertos períodos
de la vida estamos débiles afectivamente
y, como la persona que está baja de
defensas, estamos a merced de cualquier
virus que pasa a nuestro alrededor,
podemos enamoramos de cualquiera.


LA
VOLUNTAD





Tras esta primera fase de
atracción física y psíquica se comienza
a considerar la posibilidad de que
también nosotros le hayamos gustado. Por
eso es más fácil enamorar, si esto se
pone de manifiesto, de forma más o menos
entrevelada. Es el juego de la
coquetería en sus diversas
manifestaciones.


Después viene el momento
más peligroso, cuando consideramos la
posibilidad de enamorarnos. En este
punto actúa la voluntad. Si dejamos esta
puerta abierta ya estamos
perdidos. El amor se nos cuela sin
darnos cuenta, y cuando queramos
reaccionar estamos atrapados.


Se van configurando una
serie de procesos que nos alejan de la
realidad hasta llegar a un estado, en
palabras de Ortega y Gasset, de
«imbecilidad transitoria».


Por un proceso denominado
«catatimia» percibimos de otro modo todo
lo referente a esa persona. Nuestra
afectividad deforma estas percepciones
acercándolas a nuestros deseos: la vemos
más guapa, más interesante, más
inteligente, etc., aunque los demás no
estén de acuerdo con nosotros. Por eso
se dice que el amor es ciego. Además se
produce una «proyección atribu
tiva
inconsciente», fenómeno que consiste
esencialmente en completar, sin darse
cuenta, los aspectos desconocidos de la
persona objeto de amor con los atributos
que el enamorado desea, por lo que ésta
queda idealizada.



PENSAR EN TI


El ena
moramiento
es una pasión y, como tal, organiza la
personalidad con el único fin de obtener
el objeto que la nutre, el ser amado.
Los enamorados se ven arrastrados y
dominados p
or
él. No pueden dejar de pensar en esa
persona ni concentrarse en otra cosa,
aunqu
e
lo intenten. Se cambia de forma de
pensar. Si hace falta, todo se
justifica, el corazón anula la razón,
todo vale si es para poder estar con esa
persona, no se soporta su ausencia, se
quiere poseer a toda costa, y de ahí la
expresión «te comería».


Naturalmente, hay
personas más o menos apasionadas, por lo
que estas transformaciones son en
algunos casos mucho menos intensas que
en otros, pero en todos los casos los
aspectos afectivos se imponen a los
racionales.


Después, cuando la
intensidad del enamoramiento va
cediendo, comienzan a surgir poco a poco
algunas dificultades, dudas y problemas.
¿Será capaz de queremos tal como
nosotros la queremos?, ¿merece realmente
la pena? Amar y enamorarse son cosas
bien distintas.


El amor es un sentimiento
de estimación ajena, del que nos
sentimos autores, que se prolonga en el
tiempo con relativa independencia de las
circunstancias extremas, dependiendo de
la voluntad y capacidad personal para
nutrirlo.


En el amor no hay
voluntad de posesión como en el
enamoramiento, sino deseos de dar y
compartir. Deseos que se proyectan
ampliamente en el tiempo, dentro de un
proyecto común con la persona amada. Es
un sentimiento que cambia el rencor por
perdón, los celos por confianza plena,
la rivalidad por colaboración, la
intolerancia por comprensión, el egoísmo
por generosidad.



AMAR Y ENAMORARSE SON
COSAS BIEN DISTINTAS




AMOR



  • Se experimenta como voluntario.


  • Elaboración más racional.



  • Deseo de dar y compartir.



  • Experiencia afectiva poco intensa.


  • Experiencia afectiva profunda.


  • Comportamiento congruente con la
    afectividad.


  • Paciencia.


  • Planificación.


  • Constancia.


  • Conductas maduras.



  • Da estabilidad emocional.



  • Bastante objetividad de apreciación.


  • Lo físico y lo sexual no es tan
    importante.


  • Proyección amplia en el tiempo.



ENAMORAMIENTO



  • Se experimenta como involuntario.


  • Elaboración más irracional.



  • Deseo de poseer y celos.



  • Experiencia afectiva muy intensa


  • Experiencia afectiva superficial


  • Comportamiento ambivalente y
    contradictorio (paso al odio).


  • Impaciencia.


  • Improvisación.


  • Inconstancia.


  • Conductas inmaduras.



  • Da inestabilidad emocional.



  • Gran subjetividad de apreciación


  • Lo físico y lo sexual es muy
    importante.


  • Proyección a corto plazo.


LA
RELACIÓN PERFECTA


Generalmente, el
amor surge del enamoramiento. La
relación se va transformando
paulatinamente, y según se atenúa el
apasionamiento inicial va aumentando el
amor progresivamente. En otros casos
sucede al contrario: la relación
comienza por el amor que se tiene a una
persona y casi sin damos cuenta
descubrimos que estamos


enamorados. El enamoramiento sin amor
carece de consistencia y está abocado al
fracaso. El amor sin enamoramiento sí la
tiene y puede mantener una relación
satisfactoria para los dos. Si existe
amor y enamoramiento, la relación es
perfecta.


Por este motivo, hay que
procurar no dejar las cosas del amor en
manos del corazón exclusivamente.
También hay que considerar, desde una
perspectiva más racional, las
posibilidades que tenemos de poder
establecer una relación satisfactoria y
duradera con una persona en concreto.
Nuestra capacidad y voluntad de amar y
la suya. Las circunstancias que rodean a
esa persona, su familia, sus amigos,
etc., ya que todo esto vendrá a formar
parte de nuestro mundo.


Muchas veces, los
problemas aparecen cuando no se encaja,
por el motivo que sea, con la familia o
los amigos del otro. Se puede tender a
evitar esta relación, incluso a intentar
alejar al otro de sus seres queridos, lo
cual no se suele aceptar, ni es bueno,
ya que son vínculos antiguos y naturales
que, generalmente se deben respetar y
aceptar.


Un nivel cultural e
intelectual parecido también va a
favorecer una buena comunicación entre
esas dos personas. Una comunicación
amplia, libre, espontánea, sincera y
participativa es esencial para lograr
una relación afectiva adecuada.


Un estilo de educación
parecido va a evitar muchos roces o
comportamientos desagradables de la vida
cotidiana, lo cual es verdaderamente
importante a medio y largo plazo. Muchas
relaciones se estropean por el rechazo
que termina produciendo la falta de
hábitos higiénicos, comportamientos
groseros, etc.


Cuando se tienen
planteamientos parecidos y realistas, si
se piensa del mismo modo,
particularmente en lo que se refiere a
cuestiones fundamentales, es más
probable que se llegue a un acuerdo en
estas cuestiones, por lo cual son
siempre preferibles una concordancia
ideológica, escalas de valores similares
y orientaciones parecidas en la forma de
ver la vida.


Tener aficiones parecidas
constituye una ventaja en la mayoría de
los casos, ya que facilita la
posibilidad de compartir mejor el tiempo
de ocio; no obstante, en otros casos,
cuando se trata de personas abiertas, el
tener aficiones distintas puede resultar
enriquecedor, siempre que el otro se
muestre interesado en las mismas, ya que
puede verse ampliado


en este campo.



LA MADUREZ


Una
cierta ma
durez
de personalidad es imprescindible para
poder establecer una relación afectiva
adecuada y duradera. También hay rasgos
de personalidad fav
orables
en este sentido. Esencialmente
consistirían en una buena capacidad para
dar y recibir afecto, para comprender al
otro, para adaptarse a los cambios y
dificultades, en una suficiente
estabilidad emocional, sentido de la
lealtad y fidelidad.


Tener una cierta
imaginación para evitar la rutina y
saber disfrutar de la vida dentro de
cada circunstancia suele evitar que la
relación caiga en el tedio de la
monotonía. Un buen sentido del humor
desdramatiza muchas situaciones y alegra
la vida a los demás.


El respeto al otro es
esencial para la vida afectiva, y esto
implica establecer una relación de
igualdad, de persona a persona, en la
que todo se comparte, desde lo que se
posee a lo que se decide.


Es cierto que en algunos
casos la relación puede modificar
hábitos previos inadecuados, pero
generalmente no sucede así. El abuso de
alcohol, el consumo de drogas, la
prodigalidad en gastos, la tendencia
excesiva al juego, las conductas
irresponsables y caprichosas son casi
incompatibles con una relación afectiva
adecuada y duradera. Creer que estas
personas irán cambiando no pasa de ser,
la mayoría de las veces, una ingenuidad.



CARACTERÍSTICAS DE LA ELECCIÓN IDEAL



  • Atracción física mutua.



  • Aficiones comunes.



  • Buena capacidad de comunicación.


  • Escala de valores similar.



  • Buena relación con los familiares y
    amigos del otro.



  • Nivel cultural y educacional sin
    grandes diferencias.



  • Capacidad intelectual parecida.


  • Concordancia ideológica (ética,
    religiosa, política, etc.).



  • Madurez de personalidad adecuada.


  • Buena capacidad para dar y recibir
    afecto.


  • Estabilidad emocional.



  • Sentido del humor.



  • Capacidad para adaptarse a los
    cambios.


  • Lealtad y fidelidad.



  • Proyectos comunes o compatibles
    (profesionales, número de hijos,
    etc.).


  • Buena tolerancia a las
    frustraciones.


  • Voluntad de compartir.



  • Capacidad de comprensión y
    sacrificio.


  • Tolerancia y generosidad



  • Respeto del otro.



  • Conciencia de igualdad.



  • Planteamientos realistas.



  • Capacidad para no caer en la
    monotonía.


  • Ausencia de hábitos inadecuados
    (alcohol, drogas, juego, etc.).



SABER QUERER


Hay

una
última cuestión particularmente
importante. Aunque el amor, como
sentimiento, tiene siempre las mismas
características básicas, no todo el
mundo quiere de la misma forma. No es
suficiente con querer, sino que hay q
ue
saber querer.


Saber querer es encauzar
ese sentimiento hacia comportamientos de
la práctica diaria que logren el
objetivo último del amor: hacer feliz al
otro. Puede haber formas de amar que no
sean adecuadas para la personalidad de
ciertas personas y sí para otras.


La convivencia diaria
entre dos personas siempre es difícil.
Los pequeños detalles y dificultades del
día a día pueden ir minando
progresivamente una relación hasta
destruirla.
Decíamos al principio que el amor tiene
algo de incomprensible y misterioso. Es
cierto. Sin embargo, si intentamos
conocer mejor a la otra persona, a
nosotros mismos y comprender un poco
mejor estos sentimientos, seremos más
realistas.


Si cuidamos mejor la
elección que hacemos y procuramos, no
sólo con cariño, sino también con
inteligencia, enriquecer esa relación
día a día, tendremos muchas más
posibilidades de
éxito.


CÓMO
SABER SI NUESTRA ELECCIÓN ES ACERTADA


Pregunta muy importante.
¡Cuántos casos se dan en que ellos o
ellas han llegado al noviazgo casi
insensiblemente! Vecindad, amistad entre
familias, convivencia en el trabajo o en
los estudios y un buen día se encuentran
«comprometidos»

con aquella persona, sin que tal
noviazgo haya sido objeto de una
decisión tomada tras una seria reflexión
personal. Estimamos que hay cuatro
preguntas a las que uno mismo -y con
toda sinceridad- ha de tratar de
responderse:



  1. ¿Qué actitud tiene mi novio/a en
    relación con sus padres?

    ¿Actitud de respeto a sus
    indicaciones, o más bien «pasar» de
    cuanto ellos dicen? Las cosas se ven
    de distinto modo a los veinte que a
    los cincuenta años, pero se pueden
    tener ideas distintas y respetarse
    mutuamente. Nada dice en favor de un
    joven, aunque ya sea mayor de edad,
    el que campe por sus respetos sin
    tener para nada en cuenta el parecer
    de sus mayores. Si con los propios
    padres tiene esa actitud, piénsese
    que la misma va a tener o más
    negativa aún con los padres de su
    cónyuge, presentándose así, desde el
    comienza de la vida matrimonial,
    graves problemas.
     


  2. ¿Qué actitud tiene en relación
    con el trabajo?
    Pensemos en la
    importancia que el trabajo va a
    tener para la buena marcha de un
    hogar. No sólo porque de él
    provienen los ingresos económicos,
    sino porque el trabajo -tanto el del
    hombre como el de la mujer- tiene un
    influjo de primer orden en el modo
    de ser, en la actitud ante la vida y
    ante los hombres. Por ello es
    importante preguntarse: ¿toma él con
    interés sus obligaciones o busca la
    menor disculpa para evadirse?, ¿qué
    actitud tiene ella ante las tareas
    del hogar? Graves problemas suelen
    plantearse cuando algunos de tan
    importantes aspectos no quedan
    debidamente cubiertos en el nuevo
    matrimonio. Y ello puede ser ya
    detectado en el período del
    noviazgo.
     


  3. ¿Qué actitud tiene conmigo?
    ¿Actitud de cariño, de delicadeza,
    de comprensión, o más bien de
    exigencia, de tozudez en cuanto a la
    imposición de sus ideas? ¿Soy mejor
    persona junto a él o ella, o más
    bien nuestro noviazgo es una fuente
    continua de peligros? Es claro que
    el noviazgo lleva consigo muestras
    de cariño que no se dan en una
    amistad comente. Y son buenas y
    deben prodigarse. Pero la entrega
    del propio cuerpo en aquellos actos
    que van directamente orientados a la
    generación de los hijos es algo
    específico del matrimonio y para el
    matrimonio deben ser reservados.
     


  4. ¿Cuál es su actitud religiosa?
    El que un matrimonio tenga una fe
    común constituye, para la buena
    marcha del hogar, un elemento
    decisivo. Los criterios ante las
    dificultades que pueden presentarse
    en la vida íntima conyugal serán los
    mismos. La educación de los hijos
    tendrá una orientación similar. Ante
    los grandes problemas de la
    existencia no habrá entre los
    esposos graves discrepancias. ¡Qué
    triste, por el contrario, cuando las
    ideas religiosas de uno son objeto
    de silencio o, incluso, de burla por
    el otro cuando el hijo contempla
    cómo aquellas obligaciones
    religiosas que su madre con tanto
    interés trata de inculcarle nada
    significan para su padre! ¡Cómo se
    ve privado el hogar de momentos
    inolvidables vividos en común.



PELIGROS QUE SE DEBEN EVITAR


Muchas más preguntas, en
relación con la persona que aman, pueden
hacerse los novios.


Pero
las cuatro indicadas les son suficientes
para saber si su elección tiene o no
visos de ser acertada. Y dos peligros
deben evitar. El primero: el de no ser
sinceros en las respuestas: recordemos
cómo el enamoramiento desfigura los
hechos: no se ven las cosas como
realmente son sino como uno quisiera que
fueran. Segundo peligro: el pensar «es
verdad que deja que desear en tal o cual
aspecto pero cuando llegue al matrimonio
ya cambiará. Yo me encargaré de ello». Y
llega al matrimonio y sigue siendo como
era, o peor aún, ya que entonces no hay
por qué fingir. Y el que en el noviazgo
era un mal hijo o una mala hija lo
seguirá siendo después, no sólo con sus
padres, sino con los de su cónyuge.


Y el que ante el trabajo
tenía una actitud incorrecta continuará
procediendo del mismo modo. Y el que,
excediéndose en sus intimidades, buscaba
sólo el placer continuará buscándolo,
ahora fuera del hogar. Y al que carecía
de convicciones religiosas no le
surgirán como por encanto después de la
boda, y toda la vida del hogar se verá
afectada por su indiferencia en aspecto
tan importante.


¿Que en algunos casos hay
un milagro? Puede ser. Pero los milagros
no se dan todos los días. Quien planea
la felicidad de su futuro hogar pensando
en milagros, lo más seguro es que se
encuentre después con el fracaso más
estrepitoso.


Por otra parte, no
olvidemos que el noviazgo es período de
prueba. Si a lo largo de él se ve que
aquel muchacho o aquella muchacha no son
la persona indicada para ser el padre o
la madre de nuestros hijos, cortar.
Cortar sin miedo a las presiones del
ambiente, de las familias, del que
dirán, etc. Más vale rectificar a tiempo
que luego llorar toda una vida una
elección mal hecha.



Desconozco el autor pero ha sido
extraido de  la página “senderoespiritual.com”




ENVIADO POR
NUESTRA AMIGA:




VICTORIA CASTEL

Bueno espero que hayamos aprendido a diferenciar lo que muchas veces confundimos, me incluyo en ello, que haya servido de ayuda y que con dichos conocimientos logremos encontrar y formar una relacion mas sana y feliz, obvio, cuando nos llegue el momento!Guiño

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